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Hay un simple pecado que nos puede hacer perder nuestra relación amorosa, nuestra felicidad, incluso nuestra propia identidad.  Este pecado, hasta ahora poco entendido, es sin embargo muy común: una aventura.

En este mismo momento, en cualquier rincón del mundo,  alguien está siendo un traidor o siendo traicionado, está pensando en tener un romance, escuchando a alguien que está en medio de uno, o es la amante que completa el triángulo. Ningún aspecto de la vida de la pareja provoca más miedo, chisme o fascinación que una aventura. El adulterio se ha legislado, debatido, politizado y demonizado a lo largo de la historia. Sin embargo, ha existido siempre.
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