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Cuando un reptil se doto de alas y recubrió su cuerpo de plumas, seguía manteniendo características reptilianas como los dientes, pero había iniciado un camino sin retorno. Algunas aves optaron más tarde por confiar en sus piernas más que en el vuelo: son las corredoras.

Pajaro

Hacia 1863, en unas canteras de piedra caliza situadas en la localidad alemana de Solnhofen, los obreros encontraron, como venía siendo habitual, un fósil en muy buen estado. De mediano tamaño y con las extremidades extendidas, el cuello se doblaba hacia atrás y del extremo posterior del cuerpo salía una larga cola. La paleontología despertaba un gran interés en la época y cualquier resto hallado pasaba de inmediato a los gabinetes de zoología. Allí los sabios pusieron manos a la obra para dar nombre al nuevo reptil.

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Las extremidades provistas de uñas, la estructura de su columna vertebral y las mandíbulas con dientes eran características de un reptil, pero aparecían otras que llenaron de confusión: las extremidades anteriores estaban desarrolladas en forma de alas pero muy distintas a las que presentaban los repines voladores, en su cráneo había cuencas orbitarias y, sobre todo, tenía plumas.

La conclusión fue que este reptil ave o ave reptiliana representaba el momento en que un reptil se transformo en ave, es decir, el eslabón que unía ambos grupos zoológicos, y recibió el nombre de Archaeopteryx. Los pasos que se dan en la evolución son definitivos, nunca existe la marcha atrás.. No es posible el “arrepentimiento”. Esos aparentes intentos de rectificar lo hecho no son más que nuevas formas de adaptación para completar el ecosistema, es decir, aprovechar oportunidades que ofrece la naturaleza. Entre las aves tenemos varios casos de eso tipo.

Al emprender el vuelo y conquistar los aires quedo vació un gran hueco, donde permanecer en tierra era más ventajoso. El medio favoreció el aumento de tamaño de las pequeñas aves primitivas y ese incremento de peso mermo la capacidad de vuelo, las alas se redujeron y quedaron transformadas en lo que hoy son, unos simples alerones para facilitar los cambios de dirección al correr.

Entre las muchas aves que han adoptado de nuevo las costumbres terrestres, las que lo han llevado al máximo son las llamadas corredoras, que incluyen animales casi siempre de gran tamaño, con las patas altas y muy fuertes, el cuello largo y la cabeza pequeña. Su aspecto es inconfundible y no permite dudar, son los avestruces de las amplias praderas africanas, o los ñandúes de Suramérica que corren por la pampa. En Australia viven el emú y el casuario y en nueva Zelanda el único miembro del grupo que difiere sustancialmente en tamaño y aspecto, el pequeño Kiwi.

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