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La Incapacidad para concebir un hijo es motivo de angustia para muchas parejas e incluso a veces se convierte en causa de distanciamiento o separación. Los sentimientos de fracaso, culpa, y la disminución de la calidad de vida acompañan a esta situación. Existen muchas razones por las cuales una pareja es incapaz de concebir un hijo y una de las más importantes es la falta de acoplamiento entre los ciclos vitales masculinos y femeninos.

Problemas de fertilidad

Este acoplamiento es vital para que se produzca la unión entre el esperma y el óvulo: la vida extremadamente corta del óvulo exige que el esperma esté en su proximidad en el momento preciso, pasado esto la fertilización no puede tener lugar. Es posible que una pareja tenga óvulos y esperma fértiles, y que aun así el embarazo prácticamente es imposible. Las parejas con problemas de fertilidad tienen tan sólo una cuarta parte de posibilidades de conseguir un embarazo durante el primer mes de hacer el amor sin preservativo, incluso aunque el coito se realice los días de máxima fertilidad. Estas mismas parejas tan sólo tienen un 85 por ciento de posibilidades de embarazo después de un año de hacer el amor sin ninguna precaución.

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El embarazo, a pesar de ser la consecuencia natural de la unión fisíca de una pareja, no es siempre es tan fácil de conseguir cuando se desea. Los factores que influyen son numerosos, hay que tener muy en cuenta la frecuencia del coito, la edad y la salud en general de ambos miembros de la pareja. Algunos expertos sugieren que una pareja debería hacer el amor entre tres y seis veces por semana para conseguir una concepción en caso de tener problemas. Las parejas de mayor edad no son tan sexualmente activas como las más jóvenes; y esto, unido a cualquier problema de salud que pueda pre existir, dificulta las posibilidades para concebir un hijo. Otros factores como el estrés, la contaminación ambiental o la dieta inadecuada o desordenada inciden en la fertilidad.

Y a todo lo expuesto debemos añadir un factor bien trascendental él proceso del envejecimiento, que en el caso del sistema reproductor femenino empieza a los treinta años. Por todo ello, muchos expertos sugieren que las parejas que superan esta edad deberían buscar ayuda si no consiguen el embarazo después de seis meses de intentarlo sin ningún tipo de control anticonceptivo. Aunque los hombres están sometidos a los mismos procesos de inhibición de la fertilidad que las mujeres, hay que reconocer que el sistema reproductor femenino es mucho más delicado y está sometido al reloj biológico. A diferencia de los varones, cuyo esperma se segrega de forma constante, las mujeres producen óvulos fértiles de forma cíclica y éstos están presentes en sus ovarios desde el momento del nacimiento. Existen numerosas evidencias científicas que nos indican que la disminución de la vitalidad del organismo es directamente responsable de la infertilidad de los óvulos.

Otro factor primordial y que no debe dejarse sin estudiar es los niveles de estrógenos, ya que inciden directamente sobre la fertilidad. Los estrógenos son la hormona femenina por excelencia, aunque no la única; los niveles óptimos de esta hormona, favorecen la menstruación y por ende el embarazo, lo malo es que a los treinta y cinco años. Cuando las mujeres son de más edad el moco vaginal disminuye (sabemos que el moco vaginal es el encargado de ayudar al esperma a ascender hacia el óvulo) a menor mucosidad menor capacidad para el embarazo.

Con el avance de los métodos diagnósticos, se ha observado también que los casos de infertilidad masculina son mucho más numerosos de lo que en principio se creía. El ciclo menstrual de la mujer determina el momento de la concepción. Mientras que el hombre puede ser fértil cualquier día del mes o del año, en cambio una mujer con buena fertilidad tan sólo puede concebir una tercera parte de los días del ciclo. El óvulo, una vez que emigra a los ovarios, vive aisladamente entre doce y veinticuatro horas. El esperma puede vivir hasta cinco días si está protegido por el moco fértil de la mujer, de manera que puede entrar en la vagina durante el periodo no fértil y provocar el embarazo unos cuantos días después.

Sin embargo, por lo general esto no es así, pues el moco infértil reduce la vitalidad del esperma de manera que éste suele morir al cabo de tan sólo cuatro horas. Para lograr un embarazo hay que atender todos estos signos que se utilizan en el control de la natalidad. Llevar un registro de los cambios en la temperatura basal, el moco cervical, y la posición y tacto del cuello del útero. Es decir, necesariamente debe conocer su cuerpo. Parte de ello es por ejemplo el control de la temperatura basal.

La temperatura basal es posiblemente el signo de fertilidad más familiar que nos ayuda a identificar el momento preciso de la ovulación e incluso el embarazo. Cuando la progesterona aumenta después de la ovulación, la temperatura de la mujer se eleva unas décimas. Esta temperatura permanece elevada hasta que aparece la menstruación, momento en que disminuye. Si la mujer está embarazada, su temperatura basal permanecerá elevada como mínimo durante diecisiete días.

Pero hay un pequeño detalle, el uso exclusivo de la temperatura basal como base en el control de la fertilidad tiene numerosos inconvenientes que pueden alterarla, como puede ser: alguna enfermedad existente, alteraciones del sueño, no ser preciso a la hora de tomarla, beber alcohol o cenar abundantemente a últimas horas de la noche. Todos estos factores inciden directamente en los valores que pueden obtenerse al medir la temperatura basal. Recuerde es muy Importante tomar la temperatura inmediatamente después de levantamos de la cama.

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